Guadalupe, Nuevo León.-
María Torres Sánchez tiene 66 años y padece de diabetes.
Cada día la mujer se aplica dos dosis de medicamento, pero hoy la continuidad de su tratamiento está en riesgo por el incendio que consumió 80 tejabanes en la comunidad de El Ranchito.
La sexagenaria es una de las 120 personas que perdieron su vivienda en el siniestro que se registró ayer en el municipio de Guadalupe.
Eran cerca de las 19:00 horas del martes cuando un fuerte olor a humo alertó a ella y a su hija Mayela de la presencia de fuego en las casas de alrededor.
De inmediato, la mujer y su hija escaparon de su casa para ponerse a salvo sin la posibilidad de rescatar nada, ni siquiera su medicamento ni los papeles de consulta.
“Empezamos a oler el humo. Entonces salimos y vimos que ya se estaban incendiando tres casas. No pudimos sacar nada”, dijo la afectada
Ver que su patrimonio se reducía a cenizas fue un duro golpe para Torres Sánchez y más saber que a su edad tendrá que comenzar desde cero.
“¿Qué voy a hacer? me quedé sin nada. Así como me ve es todo lo que tengo”, expresó angustiada la mujer.
Las cosas materiales se pueden recuperar con trabajo y apoyo, pero lo que más preocupa tanto a María como a su hija Mayela es la salud de la sexagenaria.
Y es que la mujer no puede interrumpir su tratamiento contra la diabetes y requiere de aplicarse las inyecciones.
Al día de hoy la hija, quien recién se había mudado con su madre para cuidarla, ya le compró algunas dosis, pero al estar a la intemperie el tratamiento corre el riesgo de calentarse y no funcionar.
Es por eso que ambas piden el apoyo de la ciudadanía para poder acceder a una pequeña hielera en donde se pueda guardar el medicamento.
“Me pongo dos dosis diarias, una en la mañana y la otra en la noche. La de la mañana ya me la puse, pero tengo miedo de ponerme la de la noche porque no tengo refrigerador ni nada y la insulina debe de estar fresca”, mencionó la vecina de Guadalupe.
A la sombra de una pequeña palmera, que se ha convertido en su refugio temporal, y con lágrimas en los ojos, doña María solo desea que un ciudadano se toque el corazón y le facilite una hielera pequeña, no pide más.
“No quiero abusar de la gente, solo necesito una hielera chiquita, es solo para guardar los paquetes de insulina, pero solo si pueden. Nosotros podemos comprar el hielo”, aseveró la mujer.
Apenas días atrás, la sexagenaria había comprado una refrigerador pequeño y usado para guardar su tratamiento, pero hoy el electrodoméstico también está reducido a cenizas.
Durante más de 20 años doña María Torres Sánchez ha sido vecina de El Ranchito, en su paso por la comunidad, asegura, ya se habían registrado dos conatos de incendio sin que causaran daños mayores.
Ayer, la suerte no estuvo de su lado y el fuego arrasó con 80 tejabanes, 50 de ellos habitados por personas de escasos recursos.
En un abrir y cerrar de ojos pasó de la vivienda de madera y lámina a la calle.
Y aunque el municipio les ha ofrecido un refugio momentáneo en la colonia Evolución no se han querido ir, tienen miedo de la rapiña, que les roben lo poco que se pudo haber salvado.
Con ansias, ambas mujeres esperan que las autoridades les permitan ingresar a la zona siniestrada para verificar si exista algo que se pueda rescatar.





