Reynosa, Tam.-
Hoy en día todo va demasiado rápido. Tomas el celular “tantito” y cuando te das cuenta ya pasaste horas viendo videos, historias o cualquier cosa que ni siquiera recuerdas bien.
No es casualidad, todo está hecho para que no te vayas. Las aplicaciones saben lo que te gusta, lo que te detiene, lo que te hace quedarte… y lo usan.
Antes podías sentarte a leer o a ver algo completo sin problema. Ahora cuesta más. Te distraes fácil, quieres cambiar de video, de app, de todo. No es que estés fallando tú, es que te acostumbraron a recibir todo en pedazos chiquitos y rápidos.

Y cuando algo requiere tiempo, ya no se siente igual. Las redes sociales juegan con eso. Cada like, cada notificación, cada video nuevo te da como una pequeña satisfacción. Y eso engancha.
Sin darte cuenta, empiezas a necesitar ese estímulo todo el tiempo. Por eso abres el celular aunque ni siquiera haya algo importante.
También pasa algo más fuerte: te muestran solo lo que quieres ver. Si piensas algo, te enseñan más de lo mismo. Entonces sientes que todos piensan igual que tú, pero no es cierto. Solo estás viendo una parte de todo.
Eso puede hacer que te cierres sin darte cuenta. En las escuelas esto también se nota. Cada vez cuesta más concentrarse, leer algo largo o poner atención de verdad.
Todo compite contra el celular, contra lo inmediato. Y no es que no quieras aprender, es que tu mente ya está acostumbrada a otra velocidad.
Pero tampoco todo es malo. Gracias a esto puedes aprender cosas rápido, encontrar información, ver ideas nuevas. El problema no es la herramienta, es cómo la usas. Si no te das cuenta, te controla. Si lo entiendes, puedes usarlo a tu favor.
Al final, esto va de algo simple pero fuerte: tu atención vale mucho. Hay empresas peleando por ella todo el tiempo. La pregunta es si la estás usando tú… o si alguien más la estará usando por ti. (Con información de Abdón Lara/ UT)


