Por motivos de salud, más bien achaques de la temporada, durante unos cuantos días evité leer o ver noticias. No quise abrir esa Caja de Pandora. Incluso logré que, por un día, mamá no sintonizara el informe-Covid estatal… seguro que ese día el rating del doctor De la O descendió drásticamente. No me enteré muy bien de la innecesaria convocatoria del esquizoide líder de FRENAA para paralizar la economía nacional. Una tontería digna de un cerebro alienado, porque la economía ya renquea desde hace mucho y parece que se pondrá peor solita ella. Tampoco supe de muchos pormenores sobre la supuesta vigilancia ni las paranoicas amenazas que recibe y emite el tal Lozano. Es posible que la vigilancia de este sujeto sea necesaria, pero por personal de médico especializado. Más que una amenaza para la política nacional, creo que Gilberto Lozano es un riesgo para la salud pública. En sus inicios activistas Hitler ya estaba loco, pero era más mesurado que este tipo.
Me perdí también de los pormenores de la nueva especie de cartilla moral propuesta por el presidente López. De lo poco que entendí parece ser un “De imitatione Christi”, pero de un Kempis laico. En el fondo tiene razón el Presidente, no hay manera de cambiar un sistema corrupto ni abolir la normalización de ese y otros delitos sin antes hacer un cambio individual, íntimo. Suerte con eso. Creo que don Andrés olvidó que durante siglos las religiones han intentado lo mismo y siempre han fracasado. No existe la redención colectiva. No han valido ni premios divinos ni amenazas infernales, sobre todo porque hay grandes contradicciones entre el “modus vivendi” de los justos y el “modus operandi” social. La redención a costas del sacrificio nunca será popular, ni justa. Se ha tenido que recurrir a la imposición de leyes. Justas o no, son la garantía de un orden moral y social mínimo. Si no podemos apelar a la conciencia del corrupto, (que no es más que un delincuente), por lo menos debemos hacerle difícil la comisión del delito (“La ocasión hace al ladrón”) y asegurarnos de que si lo comete será castigado (“El que la hace, la paga”). No hay de otra. Olvidemos por ahora los sistemas oficiales anticorrupción. En Nuevo León, por ejemplo, es un adorno en el magno arbolito navideño institucional, y una herramienta de partidos políticos para tener cien por cien funcional la maquinaria de la impunidad.
Apenas si me di cuenta de los desaguisados locales rumbo a las elecciones del 2021. La imposición del “senatore” como candidato a gobernador es tan evidente y coincidente con la campaña de desprestigio contra el diputado Colosio. El súbito celo en el requerimiento domiciliario, por ejemplo. Si bien esto debe ser aclarado con las leyes de por medio, hay que ser también minuciosos con todos los aspirantes, no sólo en dónde viven sino de qué viven, y ser más que rigurosos con sus tortuosas relaciones con vividores de sobra conocidos, como gobernadores y exgobernadores, locales o no. En el caso de Clara Luz, pues sí, supe de “morenistas” inconformes con su posible postulación. Me queda una duda: si Morena postula a Clara Luz como candidata al gobierno de Nuevo León, ¿por quién votarán los morenos disidentes? ¿Por Samuel? ¿Por el misterioso candidato del PAN? ¿Por un “dedazo” tribal del PRI? Una venganza bastante estúpida, creo yo.
No lo sé con certeza, pero imagino que también siguen los señalamientos contra los programas asistenciales del gobierno federal que, dicen, son prácticamente plataformas electorales. Esto es inevitable en cualquier nivel oficial, sea casual o premeditado. Incluso localmente creo que ya hay alguna denuncia por distribución de despensas a cambio de votos en San Pedro. Aclaro que serían despensas más bien modestas. Nada de trufas negras, caviar de beluga, ni Dom Pérignon rosado. El capital electoral sampetrino no está necesariamente en barrios lujosos. Eso sí, la desmesurada caridad y bonhomía desplegadas por suspirantes políticos locales son un ejemplo perfecto de la utilidad electoral de los programas sociales, aunque se ejerzan a título personal. Yo ya preparo una lista de políticos de Nuevo León que podrían aspirar a una candidatura más espiritual en El Vaticano; si no una canonización, mínimo una veneratura.
Ya los veo distribuyendo “apoyos” y despensas en la Congregación para las Causas de los Santos, con la consabida “selfie” en redes sociales con o sin guantes naranjas. Sí, ya sé que estos procesos religiosos inician después de la muerte del candidato, pero en la política local estamos llenos de zombies. Conste que no son casos milagrosos de resurrección sino muertos remisos al llamado del cementerio político. Nada más que putrefacción ambulante y voraz.
Total, que evitar abrir las páginas de un diario, reales o virtuales, no trajo alguna mejoría a mis achaques. Ni la doble dosis de Losartán mitigó mi fastidio ante la terca propaganda de partidos que interrumpen lo más emocionante de una película en TV para decirme que ellos sí saben gobernar, o que sí se preocupan por México, o que nos volvamos ambidextros y usemos la izquierda… Lo que me demuestra que abrir un diario no es abrir la Caja de Pandora: ¡Ya estaba abierta! Es más, en México hace décadas que se nos perdió la tapadera.
Me resigno. Tendré que complementar pastillero médico con infusiones de olivo y tila… Y mezcal si se puede.


