En la década de 1970, cuando inicié como reportero en el futbol soccer profesional, ya había chismes y alboroto barato sobre la sexualidad entre jugadores, por muy bravos que se mostraran en la cancha. Y uno que otro directivo también era involucrado en la sospecha de los metiches en la vida íntima de los protagonistas del deporte que empezaba a arrasar con el beisbol a nivel local.
“Oye, tú sabes, pero no quieres decir, que tal o cual entrenador en México contrata a sus amigos para tenerlos cerca porque batea por el otro lado”, susurraban los que hacían correr versiones, a veces disparatadas, pero que tocaban los linderos de la ética periodística. “¿Y por qué los de la prensa no confirman si es cierto que tal o cual directivo le da un mejor sueldo o premios extras a tal o cual jugador que le hace compañía en hoteles y centros de recreación?”
Es obvio que en aquella época esos rumores tenían toda la pinta de amarillismo puro. Y más obvio es que no se diera pábulo en los medios a lo que se considera algo muy privado de una persona (mucho más antes que ahora). Además, era inimaginable que un atleta en toda la extensión de la palabra fuera homosexual, de acuerdo con los parámetros de los tiempos de cerrazón a ultranza alrededor de este asunto. Imposible imaginar que esas versiones tuvieran un tinte de realidad. Y, por otra parte, terminaba uno diciendo: “Finalmente, a mí qué me importa. Muy su vida”. La lengua viperina tocaba, igualmente, a políticos, gobernantes y otra gente famosa de algunas empresas. Sin ninguna discreción se pasaba de la “reprobación” de las y los amantes a los “raritos”, según expresión que trataba de mitigar el golpe ofensivo con que se trataba ingratamente a los “jotos”, porque les gustaba “el arroz con popote”.
En medio de tan abominable morbo, no faltaron los atrevidos que prolongaron durante décadas conversaciones acerca de ex futbolistas que no eran muy “machos”, en palabras de los “conocedores” de sus correrías con personas de su mismo sexo o bisexuales. Hasta la fecha, hay quienes replican esos comentarios, metiendo hilo con miras a sacar hebra y tejer listón. Están empecinados en que dentro del futbol soccer hay uno que otro homosexual. Así es que quizá les resulte satisfactorio y descansen al saber que Jakub Jantro ha salido del “clóset” al dar a conocer abiertamente su preferencia sexual. El delantero del Sparta de Praga y de la selección checa no se ha inhibido en su señalamiento y le han valido poco menos que poco los ataques en las modernas redes sociales.
Sin embargo, gente seria en los medios internacionales han celebrado su valentía, porque esta gran persona, de 27 años de edad, se ha expuesto a las más ridículas reacciones por haber sido en la temporada anterior jugador de El Getafe, por lo que su manifestación es pan comido en una tierra donde muchos homosexuales sufren severo racismo por su condición gay. Pero seguramente lo pensó mucho después de haber militado también el futbol italiano, hasta que lo hizo con toda libertad y madurez.
Por eso vale mucho tomar en cuenta las respuestas positivas de instituciones deportivas del mundo, como la de la liga premier de Inglaterra que revalidó su lema: “Aquí el futbol es de todos”, y de federaciones que le han brindado apoyo y reconocimiento a la vida personal de Jakub y han dictado sentencia de que en este deporte se debe tomar el rendimiento profesional y no la condición sexual de las personas o el color de su piel”.

