El 2 de junio del año pasado 49 reos murieron dentro del Penal del Topo Chico. Y como ave de mal agüero escribí que ese hecho podría desencadenar que regresara a Nuevo León la violencia como en los peores años de Natividad González Parás y Rodrigo Medina de la Cruz.
Y después de los últimos acontecimientos con dos fiscales acribillados, uno estatal y el más reciente federal (en pleno 14 de febrero), además de ejecuciones al estilo de ajuste de cuentas entre bandas rivales, parece que después de siete meses las hojas del calendario arrancadas me dan la razón.
La revuelta dentro del Penal del Topo Chico era, a todas luces y sin necesidad de ser un erudito en temas sobre narcotráfico, una confrontación entre dos grupos del crimen organizado que se disputan territorios en Nuevo León.
Y como los centros de reclusión son centros ilegales de operación de sus cabecillas, la matanza de mediados de 2016 era una clara advertencia para quienes, desde afuera, le estaban comiendo el mandado al quien dominaba la plaza, o más bien la compartía, pues hasta un ciego puede ver que San Pedro es de unos, Apodaca de otros, Escobedo de uno o varios, etcétera, etcétera.
Si bien el gobernador Jaime Rodríguez Calderón informa que algunos delitos comunes van a la baja, como robos en casas-habitación o de autos, en la percepción de sus gobernados el narcotráfico cada vez mas vuelve a ser protagonista.
¡Aguas!, porque los habitantes de la zona metropolitana ya vivieron esos años de infierno y de zozobra con Natividad y Rodrigo, y en las urnas la pagaron en 2015.
A como están las cosas, donde el procurador Roberto Flores, y el sub Ernesto Canales no pueden meter a Medina la cárcel, la marca independiente va que vuela para irse al segundo o tercer lugar en los comicios de 2018, al menos que “El Bronco” sea capaz de enjabonarla.


