Diario de un contagiado 5

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Diario de un
contagiado (5)

Por Héctor Hugo Jiménez

Primera noche sabiendo que tengo el virus dentro de mi cuerpo y sin novedades. Dormí… (iba a decir como angelito), pero mejor como uno más de millones de contagiados asintomáticos en el mundo por Covid-19.

Sin estar pensando todo el día en esta situación, sí quise rastrear la huella de dónde y cuándo me pude infectar. Y quienes me conocen desde hace 35 años saben que soy un periodista que voy al fondo en mis investigaciones, entonces hay muchas posibilidades que el contagio se dio el 14 de mayo cubriendo el brote en el asilo clandestino de la colonia La Playa, en Guadalupe.

Ese día acudí con mi reportero Sebastián Estrella y, por coincidencia, solo él y yo dimos positivo al Coronavirus de los ocho que frecuentamos la oficina de Hora Cero.

Ese día viajamos juntos en mi carro con cubrebocas -que no siempre estuvo en su lugar de mi parte-, pero frente al asilo trabajamos doblemente protegidos con caretas.

Ahí entrevistamos a los hijos de un residente de la tercera edad y platicamos brevemente con reporteros y camarógrafos de Televisa y Multimedios. Con nadie más. De regreso dejé a Sebastián, quien fue mi alumno en la FCC, sobre la avenida Chapultepec donde vería a su novia.

Entonces, si el virus se aparece más/menos en dos semanas y las pruebas nos las hicimos entre el lunes 1 y el jueves 4 de junio, trabajando nos contagiamos. Mientras que nuestros compañeros dieron negativo porque en Hora Cero habíamos tomamos todas las medidas.

Desde ayer vivo mi encierro con cubrebocas y guantes; uso todo desechable para comer; mis vasos tienen mi nombre y no son Starbucks; debo estar alejado de mi familia; me tomé cuatro pastillas Ivexterm que me sugirió el Sector Salud; tomo té verde bien caliente y me recomendaron 15 minutos en el sol, y en caso de síntomas graves Tempraforte cada seis horas.

Mis dos hijos, mi esposa y mi suegra que vive en casa hoy fueron a hacerse las pruebas a un laboratorio privado. Me preocupan los cuatro, y dependiendo los resultados tomaremos otras medidas. No es fácil el confinamiento con dos niños pequeños. Marco Sebastián quiere brazos de su papá, y Héctor Hugo quería que fuéramos juntos a pasear en su bicicleta nueva.

He recibido mensajes y llamadas de amigos preocupados por mi salud. A todos gracias infinitas. Y espero que mi caso, uno más entre miles o millones, abra los ojos de que el Coronavirus te cambia o te quita la vida dependiendo de tu vulnerabilidad.

Tengo fe en Dios de que no pasará de una anécdota.

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