El desprecio que muchos ciudadanos mostraron hacia el proceso electoral del pasado 7 de julio, no debe de tomar por sorpresa a nadie, era algo que se veía venir desde hace varias semanas.
Hoy que los resultados están cantados y los partidos viven la resaca de las celebraciones por sus victorias electorales, sería un buen momento para que voltearan a ver los porcentajes de participación ciudadana.
En Reynosa, por ejemplo, de cada 10 ciudadanos, menos de cuatro acudieron a las urnas para elegir alcalde y diputados locales.
Esto quiere decir que a más del 60 por ciento del total de la población reynosense le vale un soberano pepino quién es el encargado de tomar las decisiones en la ciudad y quiénes nos representarán en el Congreso del Estado.
Queda comprobado que la frase “todos son iguales” está muy arraigada en la mentalidad del ciudadano, que le ha perdido la fe a las instituciones y a los partidos políticos.
No es de sorprenderse que la gente prefiera anular su sufragio votando a favor del “candigato Morris”, “el burro Chon” o “Banguito”, que hacerlo por alguno de los que durante un mes estuvieron gastando millones de nuestros impuestos promoviendo su imagen entre la gente.
Algo está cambiando y más vale que los partidos políticos, autoridades electorales y funcionarios de gobierno se den cuenta de lo que es, antes de que el nivel de participación en las elecciones sea del 10 o 20 por ciento.


