‘El Precio de la Historia’

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Pues ya están a la venta los “cachitos” para la rifa del avión presidencial. Contra viento y marea (dicen que los aviones despegan en contra de la dirección del viento), la rifa se hizo. Es sin duda un hecho sin precedente promovido por el presidente.

Absurda, ridícula, sui géneris, surrealista, folklórica, locuaz y tantos adjetivos más pueden atribuírsele a este evento. A $500.00 (quinientos pesos 00/100 m.n.) el cachito que podrá darle a algún afortunado su “pedacito de cielo” y a otros cien afortunados, su premio de 20 millones de pesos para resolver su situación económica por un buen rato.

Tal vez yo me anime a comprar un cachito. Lo haré porque estoy segura de que algún día valdrá mucho más como reliquia o souvenir histórico y como una prueba más de que “como México no hay dos”, ya que el hecho de que esta rifa efectivamente se esté llevando a cabo, va más allá del alcance del entendimiento humano. Ya veremos en un futuro a nuestros nietos vendiendo el boleto de la rifa en algún episodio del programa “El Precio de la Historia” en el History Channel, cuando Chum Lee -ya hecho un anciano-, le llame a alguno de sus expertos para que cuente de qué se trató este fenómeno inaudito y le ponga precio al cachito que seguramente comprará algún coleccionista en el año 2050.

Me considero una mujer afortunada en muchas cosas, pero para las rifas y sorteos he sido siempre más salada que una anchoa. Con tan mala suerte, que en un descuido esta rifa sí me la gano. Pero si no, pues me iré a enmarcar mi cachito con vidrio antirreflejante por ambos lados y lo guardaré para la posteridad. El objeto es digno de ser un tema de conversación por muchas generaciones. Segura estoy que el solo cachito multiplicará su valor con el paso del tiempo.

Es la historia de una compra estúpida e insensata de un “elefante blanco”, un ejemplo del complejo faraónico de nuestros presidentes y una muestra inequívoca de que para deshacernos de un problema, los mexicanos podemos ser de lo más ocurrentes para implementar soluciones nunca antes vistas. Tanto que cualquier novela o cuento latinoamericano, de esas coloridas narrativas desbordantes de realismo mágico, parecen simples crónicas secas, parcas y aburridas, en comparación con el diario acontecer mexicano.

Pero voy a comprar mi cachito. Pagaré los quinientos pesos que cuesta por lo que corresponde y lo que representó la indolencia, la soberbia, la arrogancia, la indiferencia, la impunidad y la locura que hilvana la historia del susodicho avión presidencial… porque con cada cachito de a quinientos, los mexicanos estamos pagando “el precio de nuestra historia”.

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