Me sorprendió la noticia de que el presidente de Brasil, Jahir Bolsonaro, resultara infectado por el SARS Cov 2. Me sorprendió que Corea del Sur, que fuera un país ejemplar en el combate y control del Covid 19, esté ahora enfrentando un rebrote más virulento, al parecer importando de Estados Unidos o Europa. Me sorprendió que de pronto apareciera un brote de Peste Bubónica en China. Me sorprendieron las condiciones, desventajosas para él, en las que Emilio Lozoya aceptó la extradición a México. Me sorprendió que los recibos de AyD de mi calle estén saliendo a más del doble de lo normal, y a veces (un caso) hasta 60 veces el gasto normal.
No me sorprendió que los titulares en medios y comentarios en redes sociales destacaran al presidente López viajando a Estados Unidos con un cubrebocas puesto. Lo esperaba. ¡Son tan predecibles! Los cartonistas seguramente no se van a medir en explotar esa imagen tan curiosa. Los ayatolas de la epidemiología empírica ronronean de felicidad al ver al mandatario mexicano con su miniburka.
No hace mucho también reclamaron al doctor López-Gatell por haber asistido a un evento, no recuerdo si del IMSS o del gobierno de CDMX, y haber usado cubrebocas luego de cuestionar su eficiencia. La respuesta, recuerdo, fue que esos eran los lineamientos impuestos para ese lugar. Así quieran equipararlo casi con un jinete apocalíptico no sólo tenía razón, además era bastante coherente con lo que había dicho infinidad de veces sobre esa medida preventiva. No impide la entrada del virus, sí reduce su difusión. El cubrebocas es inútil si tenemos unas manitas juguetonas y cochinas.
Esta semana la OMS ha reconocido la posibilidad de que el virus se transmita por el aire, más allá de la Sana Distancia recomendada. Hasta entonces se aceptaba, ya universalmente, que el virus no se transmite por vía aérea en espacios abiertos (a menos que se esté en grupo). Ahora se confirma la conveniencia de usar el cubrebocas en espacios reducidos, sobre todo si se permanece durante mucho tiempo y junto a más gente. Y que el cubrebocas no sustituye el lavado de manos. Cosa que ya sabíamos, por cierto.
Por eso se exige cubrebocas en comercios, taxis, camiones y… ¡VUELOS COMERCIALES!
Si el presidente López no hubiera usado el cubrebocas dentro del avión, con toda la razón del mundo se le acusaría de prepotente y de irresponsable. Ya entrados en ese deporte nacional tan de moda, añadirían acusaciones de tiránico, de anticristo tropical, de dictador bolivariano y hasta de haber sido causante de la caída de Tenochtitlan y de comprar el encendedor para quemarle los pies a Cuauhtémoc.
Así se ha degradado la oposición en México. Aprovecha la ignorancia y la angustia generalizadas para lanzar sus campañas en base a absurdos. Es una ruta peligrosa porque se sienta un precedente. En el supuesto de que se logre derrocar al presidente López, y de que esa oposición comprometida con la IP y la corrupción tome el poder, se podrá controlar a muchos medios de comunicación de la manera en que se acostumbraba, pero las redes sociales tienen más alcance y más resonancia. Los argumentos de la oposición apelan a la falta de reflexión. Es muy posible que durante las campañas electorales la hidra mefítica de las redes sociales les dé una probadita de lo que les espera. Tendrán que invertir mucho, mucho dinero para controlar eso.
Y como el pragmatismo opositor actual está sustentado en la ignorancia, no recuerdan, si es que alguna vez la supieron, aquella reflexión de Charles Maurice de Talleyrand: “La oposición es el arte de estar en contra con tanta habilidad como para que luego se pueda estar a favor”. Llevar las cosas a extremos tan radicales de un populismo salvaje es tapiar la puerta de salida. Sin propuestas nuevas ni alternativas adecuadas, harán lo mismo de siempre. Tendrían tal vez un reconocimiento popular inmediato pero breve.
Enseguida, lo más probable sería un desastre social y económico a largo plazo.
Hay, por supuesto, voces sensatas que critican la administración del presidente López.
Pero a como veo las cosas, son una especie en peligro de extinción. Hay que protegerlas, crear una reserva ecológica para ellos… pero lejos de la ruta del Tren Maya, por favor.


