La clase media y la indignación

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El no votar, simple y sencillamente significa “no existir” así de sencillo. Es como entregar al enemigo las armas para que te fusilen.

El voto es la única arma poderosa con la que cuenta la ciudadanía, anularlo como los anacoretas piden o los depredadores destructores de oficinas gubernamentales que terminaremos pagando nosotros todos los mexicanos sin excepción con el pago del IVA, de otros impuestos y lo que se acumule, pero que terminaremos como menciono pagando todos.

No señores ciudadanos, y los que están por incorporarse, votar es una religión personal, es ver en los candidatos, su representante y que al elegirlo, puedan ustedes exigirle una respuesta de sus propuestas y de las expectativas ciudadanas, no te permiten entrar a un cine sin boleto ¿no es así?

Bien, votar es comprar el boleto de la exigencia personal y ciudadana, votamos y simplemente para que gane el mejor y al que sea electo exigirle y de no cumplir castigarle.

Estamos viviendo el México de hace 100 años y el de hace doscientos, los gobiernos –todos- no han concretado las demandas, siguen formándose cotos de poder y muchos más, por el no poder a ellos se les debe esta inseguridad rampante, están gritando, llamando la atención sin conseguirlo, buscan aperturas y se les cierran las puertas, la clase gobernante “ha olvidado a los pollitos” por ende sus demandas, ese es el clamor, el sentir ciudadano, empobrecido por ineficacias y despilfarros, por marcas y tacos callejeros, ¿de qué entonces asombrarnos el ver vendedores ambulantes en el puente Internacional?

La clase media hoy adelgazada casi extinta ha sufrido como nadie esta depravación, la codicia de los políticos, quienes en vez de hacerla crecer la han reducido y ésta, sin ser yo economista ni pretender serlo, es la que da dinero a los ricos y permea dinero a los pobres cercanos vecinos, para mover una economía nacional ansiosa del producto llamado dinero.

Porque se han olvidado de todo menos de la ostentación y de prebendas, lo que hoy vivimos es solo un reclamo a sus malas conductas, a su mal proceder, pero dejar de votar, era como darles el boleto de la ostentación que nos reducirá aún más.

La indignación de ahí procede, del olvido, del desamparo, de una justicia injusta, corrupta, salaz que como callejera, se vende al mejor postor eso señores es indignante, por ello los resultados, reitero como siempre lo he hecho, la corrupción viene de adentro no le busquen tres pies al gato, ahí está.

Si soy del PRI, de él no me quejo, me quejo y no siempre de sus militantes, quienes no han hecho positivos los principios y doctrina de nuestro partido, de aquellos que se han servido sin servir a los demás, de aquellos que buscan en la política una forma de enriquecerse, olvidando que ganar dinero requiere talento, que robar hasta un mongolito lo hace y que los principios fundamentales, cívicos están en nuestra carta magna desde hace casi doscientos años, pero solo unos pocos lo siguen.

Espero que hayan ido a votar, yo voté por el PRI en la casilla que me corresponda, ustedes hicieron lo propio por el partido que sea de su elección, pero no destruyan más a nuestros patrimonios, no les parece que estamos destruidos dentro y fuera del país. ¡Intentamos comportarnos como gente civilizada! Eso no lastima.

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