Me preocupaba que mis hijos no tuvieran completo su esquema de vacunación, pues durante la pandemia descartamos por completo el acudir a hospitales, clínicas o centros de salud por el riesgo que implicaba.
Durante dos años mantuvieron clases en casa y yo realicé home office; fue un tiempo difícil en el que muchos conocidos se fueron a raíz del Covid, así que mientras menos se expusieran mejor.
Recientemente el sector salud anunció campañas de vacunación destacando precisamente la importancia de poner al corriente a los niños que por pandemia no las tenían todas.
Así que a principio de semana pensé que el viernes sería un buen día para hacerlo, así si había alguna reacción tendrían el fin de semana para reponerse.
El IMSS está de paso entre la casa y la escuela, y por ser un sitio grande pensé que era una buena opción, aunque nunca los había vacunado ahí, y para no “echar la vuelta” de oquis, llegué antes a preguntar si tenían, horario de atención, etc.
En un módulo a la entrada atendían solamente hasta la 1 y mis hijos salen a las 12:45 de la escuela, pero dijeron, de la 1 en adelante “puede pasar al módulo 5”.
Llegamos casi corriendo a la 1 en punto y bueno, ya habían levantado el vuelo del bendito módulo, así que nos fuimos al cinco, seguramente sería rápido, total, solo serían vacunas.
¡Ay ajá!, ¡dos horas nos aventamos ahí!, porque resultó que debíamos dejar las cartillas como cuando vas a consultar, y por supuesto, esperar turno y a que la señorita enfermera nos llamara; además, ¡empezaban a la 2!, y antes que nosotros había un recién nacido al que le realizarían varias pruebas.
Cuando por fin nos llamaron con cara de pocos amigos (vaya novedad) la enfermera preguntó por qué no los había llevado antes a vacunar, olvidándose que cuando le entregué las cartillas le expliqué la situación.
Luego salieron con que algunas vacunas no las tenían, hasta que finalmente, les pusieron otras con las que si contaban.
El resultado de toda esta odisea fue: tres niños con algunas vacunas de las que les hacían falta y una mamá con una migraña marca diablo; pero satisfecha porque ya tiene un pendiente menos.
¡Ah!, también con la lección aprendida de que más vale buscar las vacunas en otro sitio o aprovechar las campañas en módulos itinerantes.


