En mi sector no hay “tiendita de la esquina”, sino una farmacia “Guadalajara”, así que cuando se nos olvida algo del súper o se acaba es ahí donde lo compramos.
Estaba a nada de comerme unos corn flakes cuando me di cuenta de que no había leche, así que fui al mencionado negocio, tomé un litro y me fui a mi casa, pero mi “sentido arácnido”, “sexto sentido”, “intuición femenina”, “olfato periodístico” o como quieran llamarle me dijo que mejor probara la leche antes de echársela, le hice caso y ¡zaz! estaba echada a perder.
Tomé el ticket, eché el litro de leche a la bolsa y fui a cambiarla por otra, no era la primera vez que pasaba algo así y siempre la cambiaban sin problema, pero ahora sería diferente.
Estaba una cajera nueva y cuando le dije que la leche estaba descompuesta y quería que me la cambiara puso una cara como si no entendiera lo que le decía y le dijo a su compañero de la caja de al lado: “dice que la leche está caducada y quiere que le demos otra”, dijo; y respondí: “no, no está caducada, está echada a perder, está descompuesta”; la verdad no sé si la expresión fue correcta pero empezaba a hartarme y eso que aún le faltaba al show.
El cajero tomó un vaso para el café y se sirvió leche, “¿la vas a probar?, está descompuesta”, le dije (seguramente) con cara de sorpresa y dijo que tenía que comprobarlo; o sea, no hubiera sido que me hubiera levantado con ganas de dar lata nada más, en fin.
La probó y dijo “si, está descompuesta”, y siguió cobrando; la verdad no se cómo pudo, yo cuando apenas detecté el sabor casi me vomitaba; la cosa no paró ahí, fue por una compañera para enseñarle que la leche no servía y ella me dijo: “le van a traer otra solo le pido que la pruebe por favor”.
Mi geta (lo imagino) estaba ya hasta el piso y a nada de dejarles su leche, el dinero, el ticket y lo que saliera: “¿es en serio? Es la primera vez que hacen todo esto y no es la única que he traído leche así y me la cambian”, le dije.
“Es que es de un proveedor y yo tengo que decirle que su producto está en mal estado, pero si no sirve se la volvemos a cambiar”, mencionó; o sea, ya me hacía yo ahí en la entrada catando todos los litros de leche y ¡claro que es de un proveedor! O por lo menos yo no he visto la granja ni la empacadora al lado.
Así que ahí me tienen, ante la vista de todos, dándole un traguito a la leche que me sirvieron en un vaso de cartón de Nescafé y decir: “si… está buena”.
Así las cosas, por lo menos en mis 25 años de vida nunca me había pasado algo así… bueno, está bien… en mis treinta… ¡oh que la…! en toda mi vida ‘mbe.
Cuéntenme si a alguien le ha pasado algo así o soy la única a la que le suceden este tipo de cosas…


