Ya está en marcha la campaña publicitaria para promover comercialmente el 10 de mayo y exaltar el valor de la madre. Pero hay algo que jamás debes olvidar como mamá, aunque te perturbe el cerebro y te parezca anormal: Primero eres tú. Porque no es justo, por ejemplo, que con motivo de fiesta tan significativa en la vida familiar, la homenajeada termine trabajando a destajo aseando la casa, haciendo la comida y hasta lavando los trastes. ¡Bonito día!
No, no es egoísmo que pienses en ti antes que en otras personas. No es un mal consejo que antepongas lo tuyo en determinadas circunstancias, porque eso no significa que te despreocupes de tus seres amados y de quienes te rodean. Tu generosidad y desprendimiento no sales perdiendo al pedirte que veas primero por ti antes que por nadie, pues si por entregarte a fondo a los otros y por gastar tu salud a favor de los demás, ¿luego quién se ocupará de ellos si tú no estás al cien? ¿Y de qué les sirvió ver tu obsesión por servirles si, a causa de la misma, un día no estás más entre ellos?
Pedirte que primero eres tú no choca con la enseñanza antiquísima de que la mujer, especialmente si es madre de familia, se entrega totalmente y sin condiciones a su esposo e hijos, y, obviamente, a sus padres, a otros familiares y hasta al trabajo. Lo único que enfatiza ese principio básico es que debes dar, no lo que te sobra, pero tampoco lo que va en detrimento de tu integridad física y mental o lo que tiene un costo que se paga con una inestabilidad que no permite darle prioridad a lo tuyo y termina por afectar las relaciones en el hogar.
De ahí que debes entender que la obsesión por ser perfecta y por cumplir con los deberes sin un equilibrio adecuado puede derivar en efectos nocivos, según psicoanalistas que recomiendan no llegar al agotamiento porque en la vida real no hay súper mujeres, especialmente si se acumulan sin control actividades extras como preparar diariamente el desayuno, llevar a los niños a la escuela, asistir a entregas de calificaciones, atender al esposo, lavar, planchar, hacer el aseo de la casa, etc. y en la fábrica o en la oficina realizar el trabajo sin fallas.
Con un tren así, el ritmo es infinito, y al final del día, más que satisfacciones, se recoge estrés y decaimiento físico y psíquico, con síntomas de cansancio crónico, ansiedad, gastritis, colitis, insomnio.
No, no es egoísmo que pienses en ti antes que en otras personas. Porque querer ser perfecta y no saber delegar ni pedir ayuda o hablar claro de tus limitaciones, tiene un costo muy alto en tu personalidad. Y puedes caer en una mala jerarquización de valores además de ser víctima de un trío de palabras agudas que son de tomar en cuenta: confusión, frustración y depresión.
Por tanto hay que hacer conciencia de que todos tenemos roles que cumplir en el trabajo y en casa para no agotarnos por lo que no nos corresponde realizar solamente a nosotros sino a los demás. Y tomar nota de una mujer también tiene vida social para distraerse y recargar energías. Así es que hay que liberarse de toda culpa y convencernos a nosotras mismas primero y luego a los que nos rodean de que no hay prioridad mayor que una misma, sin ningún acento de egoísmo o vanidad.
La valoración, comprensión y generosidad empiezan por una misma para darlas después a los demás. Porque nadie da lo que no tiene.

