La “Alianza Federalista” está pisando terrenos movedizos al plantear un ultimátum al gobierno federal. ¿Cuál es la amenaza? ¿Tensar la cuerda hasta romper el Pacto Federal? Los gobernadores neofederalistas ya habían estado como tábanos importunando a la vaca.
Ahora, en oportuna coincidencia con las próximas elecciones, el cambio de estrategia de Coparmex y la epidemia, vuelven a la lid. Los líderes (aparentes) de este movimiento federalista tienen razón en una cosa: el reparto de los recursos del erario federal tendría que ser más coherente con el aporte de cada estado. Sólo que, si bien es cuestionable el reparto, no lo inventó la 4T, sino fue concertado e implementado por fuerzas políticas que ahora lo repudian. ¿Se puede cambiar? Sí, pero ese no parece ser el objetivo. Siguen importunando a la vaca, pero ahora quieren ordeñarla ellos.
Las grandes partidas de recursos federales que recibe cada estado de acuerdo al Pacto Fiscal se pueden ejercer una parte a discreción y la otra no, pero en conjunto, en casos como CDMX, Nuevo León o Jalisco, representan una pérdida muy notoria contra lo que estos estados aportan. En cambio, hay otros estados que aportan mucho menos pero reciben mucho más. A simple vista esto parece injusto. Y lo es, pero no por culpa de los estados “pobres”, sino porque este esquema desequilibrado se conservó así deliberadamente durante muchos años. Ni los gobiernos estatales ni los gobiernos federales procuraron impulsar el desarrollo en esas regiones. Se han mantenido así para despecho de los estados “ricos”. La indignación se incrementa ahora porque el Gobierno Federal ha invertido en mejorar tanto el desarrollo económico como la recaudación en todas las entidades, pero se ha enfocado más en detonar la economía de las “pobres”. A la larga esto tendería a equilibrar esa diferencia entre las aportaciones estatales y recaudación en esas entidades. Un rezago, insisto, de años.
Pero los gobernadores neofedealistas tienen prisa. Y en parte tienen razón, porque la crisis económica es abrumadora… y las elecciones del 2021 son inminentes. Reniegan de la fórmula de reparto, lo que también podría implicar que exigen más libertad para recaudación directa en cada estado. Ya lo hacen (tenencia, predial…). Entonces, ¿hasta dónde quieren llegar?
Dejar que cada estado asuma las funciones, o más funciones que ahora corresponden al SAT, es un arma de doble filo. Sí, se podría incrementar la recaudación directa de cada estado y reducir la dependencia respecto al Gobierno Federal. Pero no estoy seguro que cada estado, CDMX, Nuevo León o Jalisco, por ejemplo, tengan la capacidad de hacer una eficiente recaudación. Y si la tuviesen, la disposición de más recursos en cada estado “rico” no significa que su distribución hacia su población sea justa, o incluso sea. No hay ninguna garantía, y la palabra de un político no vale nada, y menos en tiempos electorales. Prácticamente todos los estados, incluidos los “ricos”, padecen del síndrome de la opacidad. Son recurrentes los escándalos por el uso indebido de fondos públicos, por la desmesura en sueldos de funcionarios, el derroche en medios, los caprichos, y la impunidad, claro. Además, la facultad de imponer impuestos o cobrar impuestos, en manos de un gobierno estatal, será siempre una potencial arma electoral. Predial y tenencia ya lo son. Con estos hilos y calabrotes sueltos, replantear el Pacto Fiscal no se resuelve ni con un “diálogo directo” ni con una ruptura “consultada”. No sólo es cosa de que los estados reciban más recursos, también hay que atar las manos de los gobernadores y blindar el tesoro estatal contra las legislaturas domésticas y domesticadas. El objetivo puede ser el correcto pero el tiempo para lograrlo no.
Para acabarla de amolar, el reto lanzado por el Presidente, que con evidente gusto aceptan Alfaro, Rodríguez, Aureoles y Orozco, y que supongo será replicado por los otros aliancistas, va viciado de origen. El Presidente, taimado, mañoso, sabe de eso porque ya lo ha hecho con su consulta sobre juicio a expresidentes y en sus consultas a “mano alzada”. La respuesta siempre va a depender de cómo se formule la pregunta, pero para responder con justeza a la pregunta se necesita conocer perfectamente los antecedentes, la situación actual y las consecuencias. Y los ciudadanos no son economistas, a lo sumo conocen la microeconomía de su cartera. Como pasó en las consultas presidenciales, los gobernadores rebeldes no se van a molestar en explicar pros y contras a la gente. Porque la única manera de que los recursos generados por un estado se queden en ese estado no es rompiendo el Pacto Fiscal sino el Pacto Federal; y desproteger a estados “pobres” ya sería una ruptura con el Pacto Federal. Hay alternativas, pero como decía el viejo comerciante don Arturo Elizondo Dávila sobre los abonos en su tienda: “Paso a paso, despacito”. La prisa es excesiva para algo que no se puede resolver a corto plazo, y menos en estas circunstancias epidémicas. Inexplicable prisa, a menos que no sea por la urgencia de recursos sino por…


