Recién llegué a la Sultana del Norte a ver a mi amá Esther y a mis tres chilpayates, con la buena costumbre de hacer largas caminatas por el rumbo.
Luego de una visita a Sanborns, donde se me antojó de nueva cuenta un caldito tlalpeño, bien calientito, con su limón, pos como que no te dejan entrar sin cubrebocas.
“Le pido que por favor se ponga un cubrebocas”, me dice un gendarme que estaba en la puerta y yo puse cara de what?, qué eso no era voluntario? Porque suponíamos que lo de la pandemia del Covid-19 que nos tuvo por casi dos largos años sin poder cruzar el puente internacional pa’ ir por mi Whataburger, hasta que los gringos y su gober Gregg Abbott nos dieron la venia de poder de nueva cuenta cruzar again.
Les he dicho, nunca de los nuncas los güeros -y los no tan güeros- midieron la temperatura a todos los que cruzaban el puente a pata o en “mueble”, como le dicen a las trocas. Tampoco exigieron el uso de cubrebocas.
De hecho mi amigo Gregg hasta hizo una ley que prohibía la prohibición, porque decía que si exigían los cubrebocas iban a cerrar los changarros de las chácharas que venden los chinos de la entrada de Hidalgo. Y no estoy denigrando a los orientales, porque así les dicen a sus tiendas.
Ahora tenemos a un hindú en el Black Friday, que está pasando las burgers -les recomiendo la que lleva tocino-, está haciendo harta lana vendiendo lo que dejan los gringos en Amazon y los Walmarts. Ya saben que el mero día es el viernes a 10 dólares, si sueñan con encontrar esa oferta que te encuentras “una vez en la vida”.
Pos acá nunca midieron la temperatura que debe ser inferior a los 37.5 grados, si te sale es que tienes fiebre y es un síntoma del bicho raro ese, que dicen se trajeron los chinos por probar un rico caldo de murciélago, aunque otros aseguran que fue un pangolín, una especie de armadillo que se enrosca cuando se siente amenazado. Conozco a un primo que se pone así cuando le hablan de su ex.
Por cierto la Rosa María estuvo bien rete enferma de la gripe, esperamos que no haya sido Covid, pero como que me lo dejó acá en la casa de Monterrey, porque ya no me siento bien, estoy congestionado de las narices. No vaya a ser Covid también.
En estos más de dos largos años de pandemia, que la ponen de inicio el 27 de febrero del 2020, solo me agripé una vez, desconozco si era Covid, lo cierto es que estaba bien protegido con las vacunas de la Pfizer, me puse ¡cinco! dos en Reynosa y otras tres en Hidalgo, en el Valle de Texas. Por cierto el establecimiento RGV Vax cerró sus puertas en este lugar y para vacunarse tienes que anotarte vía página de Walmart, Costco o HEB, pos aprovecha brody y compras algunas cosillas.
Tengo conocidos que nunca se vacunaron contra el coronavirus y sí se enfermaron, decían -hasta lo ponen en su Face- que los químicos pueden hacer grave daño o te ponen un microchip que los podía controlar AMLO.
¿De verdad creen que ya somos Venezuela? Sin echarles a mis amigos sudamericanos, pero “naiden” quiere llegar a padecer las hambres que tienen sus ciudadanos. A poco no. Tampoco llegamos a ser como Cuba, donde falta mucha libertad de expresión y de garantías individuales.
Mientras tanto siguen llegado a la border miles centroamericanos, haitianos y hasta ucranianos. Y nosotros, pos mientras nos dejen ir y venir a la Plaza Mall, o de perdida a la Pulga Hidalgo estamos bien contentos. Sean felices.


