Desde hace tiempo he seguido por Youtube los videos de, Arne aus den Ruthen (en serio, así se llama), “City Manager” de una delegación de la Ciudad de México y de unos tipos que se autodenominan “Los Supercívicos”.
Básicamente el chiste de estos videos es ver cómo estos personajes exhiben a malos ciudadanos que se estacionan sobre la banqueta o en doble fila, ocupan espacios exclusivos para discapacitados o tiran la basura en lugares prohibidos en la capital del país.
Sólo en el caso del “City Manager” hay sanciones en contra de los infractores, quienes reciben una multa y son enviados a lo que allá le llaman Juzgado Cívico.
Más allá de que estos personajes han recibido todo tipo de improperios y hasta agresiones de los infractores, me entristece pensar que un ejercicio de este tipo en Reynosa sería prácticamente imposible.
Y conste que no estoy hablando de la posibilidad que un “city manager” o un “súper cívico” calero pueda verse frente al cañón de la pistola de un “ofendido” infractor ciudadano; la razón por la que creo que este ejercicio sería imposible, es porque los pobres estarían trabajando las 24 horas del día y los siete días a la semana.
La interacción que las redes sociales nos permiten tener, me ha permitido ver una cara de Reynosa bastante desagradable: la del valemadrismo.
Porque fuera de contadísimas excepciones, la mayor parte de la masa reynosense que deja escuchar su voz en Facebook, Twitter y otras formas de comunicación, encuentra muy fácil echarle la culpa de todos los problemas que se viven en la ciudad a la corrupción e ineficacia de nuestras autoridades.
Sin embargo, lo que no dicen, es que nadie hace su parte por cumplir con sus obligaciones cívicas para hacer más o menos tolerable la convivencia en esta población.
Y antes de que me crucifiquen aclaro: Sí, yo también creo que el gobierno está plagado de inútiles que cobran por no hacer nada. Un ejemplo lo tengo a unos pasos de mi casa, donde desde hace más de una semana sigue abierta una zanja apenas comparable con el Cañón del Sumidero.
Irónicamente, para intentar explicarme mejor, voy a recurrir a un mensaje que circula en las redes y que condena nuestra actitud de criticar a los policías corruptos, pero ahí estamos, ofreciendo “mordida” para zafarnos de una infracción, o que nos enoja el problema de la contaminación, pero dejamos nuestros desechos en cualquier esquina.
Con el paso de los años hemos sido mudos testigos del desmoronamiento de nuestra ciudad, algo que no hubiera sido posible únicamente con la corrupción y la pasividad de las autoridades, los ciudadanos también tenemos la culpa.
Piensen un momento en todas las cosas que hemos hecho o dejado de hacer para ahorrarnos unos pesos, para evitar la molestia del trámite, por comodidad, o por simple flojera.
Esas pequeñas infracciones, que se fueron volviendo costumbres, también ayudaron a tumbarle un pedazo a la bella fachada que tenía nuestro municipio.
Nosotros como ciudadanos compartimos la culpa de lo que nos está pasando y eso va mucho más allá de votar por tal o cual partido político; está en la actitud que asumimos ante nuestra sociedad y la voluntad de poner el bien común por encima del particular.
A estas alturas del partido la verdad es que soy pesimista, creo que la gente no quiere darle la vuelta a esta carreta que se dirige al precipicio y si no me creen, lean los comentarios que va a generar esta opinión.

