Aquí en Nuevo León también se han hecho encuestas, consultas entre militantes, y otros malabares y prestidigitaciones, para que el candidato resultante parezca surgido de un proceso democrático.
El caso es que don Félix ya es candidato y ahora dice que lleva “la cabeza en alto”, o debió decir la frente, pero lo que sea que quiso decir es el mejor sitio para ambas partes, a menos que se llame Quasimodo y sea campanero sordo de Notre Dame.
No podría asegurar lo mismo en Guerrero, porque las encuestas morenistas, en el supuesto de que estuvieran bien realizadas y fueran respondidas sin prejuicios ni consignas, no corresponden a la opinión guerrerense sino a los morenistas, es decir, una pequeña parte de los ciudadanos… Aclarando que los militantes de todos los partidos, en cualquier entidad, siempre son una mínima parte tratando de convencer a todos de que son la inmensa mayoría. O sea, ¡sepa Dios qué piensen los guerrerenses!
Será como cruzar el río saltando sobre lomos de cocodrilos… y de los australianos que son muy méndigos. El estigma de depredador sexual y misógino, es además magnificado por la oposición por obvias razones, que no son convicción sino oportunidad.
Sus propuestas de campaña podrán remitirse frecuentemente a las mujeres tratando de calmar las aguas, pero tal vez sea mejor que don Félix evite a como dé lugar incluso las palabras del género gramatical femenino.
¡Y ni se le ocurra celebrar el 10 de mayo porque sería contraproducente! Si las aguas feministas, güeras y morenas, ahora están agitadas, una falta de tacto puede llevarlas a punto de hervor. Y el agua feminista no sólo hace gorgoritos, sino que hierve muy en serio.
Dice que él es actor. Si alguna vez en algún momento de su carrera artística se le vio haciendo o diciendo cosas inapropiadas y denigrantes hacia las mujeres, ¡era puro teatro! Es decir, que si algo hay que reclamar por aquello, no es a Víctor Trujillo sino a Brozo, o a cualquiera de sus personajes que haya ofendido a las mujeres o a quien sea.
Siempre me pareció contradictorio exhibir a una mujer tan guapa (lo era… o lo es) sólo para denigrarla y ridiculizarla. Una actitud muy enfermiza ante a la belleza. Así que Víctor Trujillo tiene razón. El misógino no fue él sino Brozo, que sigue siendo vulgar pero ya cambió de edecán. Pero, si Víctor Trujillo no es Brozo, ¿quién es Brozo que existe, pero no es?
Con un árbol genealógico marchitándose lo mismo por las líneas materna y paterna, cualquier inflorescencia es falsa o por lo menos efímera.
Y tanto don Félix Salgado como don Víctor Trujillo me parecen más bien plantas parasitarias floreciendo en el bosque nacional, uno con la certeza de la apariencia, el otro con la apariencia de la certeza, puro teatro: la democracia mexicana con maquillaje de payaso, este sí, un payaso muy tenebroso.


