‘¿Y ahora quién podrá defendernos?’

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La mayoría de los políticos forma una buena casta no solamente de corruptos y abusivos sino de mentirosos, demagogos y chupavotos con promesas en campaña que luego se olvidan cuando están en el poder. Nacieron para engañar con su verbo y para burlarse inclusive de sus simpatizantes a la hora buena de confrontar sus propios intereses con los de los ciudadanos en general, sin excluir a los que les dieron su apoyo en las urnas.

Ya sabemos que una es la calentura de las promesas en campaña, a veces irracional e irresponsablemente, y otra muy distinta el aterrizaje de los ofrecimientos a la hora buena. Por eso jamás hay que creerse de lo que algunos políticos “picudos”, en una alarde populista, lanzan de su ronco pecho desde una tribuna o en los medios masivos, así lo hagan frente a un notario público. Son mentirosos por naturaleza y compulsión, vengan del origen que vengan y representen al partido que representen.

Por eso no es de extrañar que el famoso “Bronco” de Nuevo León esté pasando apuros en sus primeros días de gobierno, pues la gente se ha decepcionado del olvido de sus arengas en sus recorridos proselitistas hasta hace poco. Se la pasó gritando consignas contra el PRI y acusando de ratero a su antecesor Rodrigo Medina de la Cruz y hasta hizo un slogan de su firmeza de meterlo a la cárcel por corrupto. Y, hasta el momento, nada de nada, pues solamente se ha dedicado a destapar la cloaca de las sinvergüenzadas del anterior mandatario del Estado.

Sin embargo, lo más sorprendente inclusive para los más del millón de ciudadanos que votó por Jaime Rodríguez Calderón el 7 de junio anterior es que se ha negado a condonar el pago de la tenencia de automóviles y ahora ha enviado una iniciativa para pegarle a los nuevoleoneses con un nuevo impuesto que saldrá de la obligación de llevar a revisión los vehículos automotores dizque con una finalidad ecológica, para evitar la proliferación de humos contaminantes en el aire. De por sí ya los alcaldes les habían dado un “llegue” con los aumentos al impuesto predial.

Y todavía más: acaba de enviar una iniciativa al Congreso con la finalidad de aumentar los sueldos a los funcionarios públicos del gobierno y a los diputados, de modo que está haciéndose ver como un político que traer la cuchara grande para seguirse sirviendo del erario a sus anchas. ¿O cómo se explica ese afán de compensar los “bajos sueldos” de los que más ganan en Nuevo León sin hacer nada y otorgarles entre cinco y siete mil pesos más al mes, si todo mundo sabe que los legisladores, por ejemplo, con unos parásitos, y, si no, espérese a ver dónde estarán a partir del 12 de diciembre (ya muy pronto) hasta el 7 de enero, después del Día de Reyes.

Para desilusionarse por completo, basta enterarse de la sarta de argumentos a favor de esas impopulares medidas en un gobierno que se suponía iba a dar ejemplo de austeridad republicana. Y no digo que están para morirse de risa porque alguna justificación técnica tienen esos argumentos, pero sí contrastan con las promesas en campaña de “El Bronco”. Y si no para qué hablaba y hablaba al respecto si ya sabía que le iban a dejar quebradas las finanzas y hoyos por todas partes los “ratas” de Natividad González Parás y Rodrigo Medina de la Cruz.

Los tamaulipecos que tenemos familiares en Nuevo León o que nos damos con frecuencia la vuelta por tan próspero Estado colindante afectivamente con Tamaulipas, nos sentimos apenados del desencanto con estas noticias que están poniendo los pelos de punta a nuestros vecinos, pero al mismo tiempo esperamos que sirva de alerta para no caer de ancho ante la verborrea de los políticos que recorrerán nuestro Estado en el año electoral en que Egidio Torre dejará el poder a no se sabe todavía a quién, pero que, siendo político de carrera, habrá que ponerle el signo de la duda cuando empiece a prometer y a prometer.

Y ojalá no nos vaya a llevar el tren como a los nuevoleoneses que en este instante están parodiando la conocidísima frase que hizo popular don Roberto Gómez Bolañños en su serie de El Chapulín Colorado: “¿y ahora… quién podrá defendernos?”

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