Monterrey, N.L.-
El chiste sería: ¿qué pasaría si un día System of a Down y Rush hubieran tenido un hijo? Le hubieran puesto Tool.
Por supuesto, la broma es simplista e inconsistente; Tool se formó cinco años antes de que los armenios dieran sus primeros batacazos, pero la idea, de cierta manera, no está tan alejada de la realidad.
El tema es que, por primera vez en su historia, Maynard James Keenan, Danny Carey, Adam Jones y Justin Chancellor se presentaron en tierras regiomontanas para un concierto que aglutinó a una numerosa y fiel fanaticada de los norteamericanos.
Que la explanada del Estadio Mobil Super se llenara no es cosa menor: a 16 kilómetros de distancia, en el Estadio BBVA, Shakira y sus caderas se presentaban en el primero de sus dos conciertos sold out.
Aún así, los seguidores de esta banda, que el consenso general coloca en el rock progresivo (aunque haya puristas que se indignen y digan que en realidad es metal alternativo, art rock o incluso post-metal), disfrutaron durante dos horas exactas, y hasta las lágrimas, de la interpretación de once clásicos que han colocado a los norteamericanos como una verdadera agrupación de culto.
Once temas para dos horas podría sonar a un error de redacción, pero no es así. Hay que tomar en cuenta que, en promedio, cada canción del grupo dura entre 6 y 12 minutos, aunque hay rolas como 7empest (que en esta ocasión no interpretaron) que alcanza los 15 minutos.
Quienes saben aseguran que esto responde a que Tool tiende a priorizar la exploración musical y la progresión en sus canciones, lo que explica su duración extendida.
Pero, ¿qué se puede decir del cuarteto que no se haya escrito antes? Poco, pues apuntar que son de los muy pocos músicos que entregan cada nota, cada riff y cada estrofa con una pasmosa perfección ya se ha dicho con anterioridad.
Sin embargo, es cierto. La entrega, concentración y virtuosismo de cada uno de estos artistas es evidente, y eso quedó comprobado desde que, a las 9 de la noche en punto, iniciaron el recital con Fear Inoculum, canción que le da nombre al quinto álbum de la banda, producido en 2019.
No pudieron faltar éxitos como Stinkfist, Vicarious (con la que cerraron la noche) y Schism, ganadora de un Grammy en 2002 y que fue una de las más coreadas por los fanáticos.
Dato curioso: aunque el cuarteto raya en la genialidad con su instrumento, el concierto tardó un par de minutos en arrancar ya con la banda tocando, pues la guitarra de Adam Jones no quiso funcionar y tuvieron que cambiarla de imprevisto.
Fuera de ese detallito, todo lo demás rayó en la perfección, con Keenan dominando el escenario como una especie de Guasón gótico que se dio tiempo para interactuar en un par de ocasiones con los asistentes.
Tras una pausa de hidratación, no pudo faltar el solo de batería de Daniel Edwin Carey, que, aunque fue bien recibido, no dejó de recordar las épicas interpretaciones de la leyenda Neil Peart de Rush.
Mención aparte merecen los gráficos que estuvieron apareciendo durante toda la noche en el recital, mismos que salieron de algunos de los videos de Tool o fueron creados especialmente para la gira por Breckinridge Haggerty, también conocido por sus colaboraciones con Gwen Stefani, Eminem y Korn, entre muchos otros.
La noche la inició The Cult, la banda británica de hard rock que vio sus mejores momentos entre las décadas de los 80 y los 90, lo que se comprobó cuando, tristemente, apenas pudo prender al respetable hasta que interpretaron sus éxitos Fire Woman y la infaltable She Sells Sanctuary.



