Día de la Candelaria, tradición en peligro

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Ciudad de México.-

Niño de las Palomas, de las Azucenas y Ropón Blanco son algunos de los vestidos más populares que, sin importar el paso de los años, siguen vendiéndose como pan caliente, según Saúl Uribe Lanzagorta, “El Sastre del Niño Dios”, como él mismo se hace llamar.

Para el festejo del Día de la Candelaria; sin embargo, trajes como el de huachicol, migrante y hasta de reportero, que salieron al mercado desde hace un par de años, se mantienen en tendencia.

Uribe y su negocio familiar tienen 45 años confeccionando vestimentas tradicionales para estás figuras religiosas y vendiéndolas en el Corredor del Niño Dios.

Hijas, esposa, yernos, sobrinos y 13 empleados conforman la fábrica y tiendas Niños Uribe, ubicadas en la calle de Talavera en los números 9, 11, 12, 13 y 16, en el Centro.

A sus 65 años, sostiene: “A lo que me dedico no es una profesión, sino una virtud. La suerte no existe, existe tu trabajo y tu tenacidad, yo estoy aquí porque he trabajado mucho y mientras viva esto prevalecerá para muchas generaciones, ya después Dios dirá”.

Dentro de la tienda matriz hay una colección de Niños Dios que la gente dona y él con gusto adopta, además de un sin fin de imágenes con la historia de cómo fue creciendo la fábrica y, a su vez, el corredor, así como fotos en compañía de algunos funcionarios, como Marcelo Ebrard, que en 2011, en su cargo como jefe de Gobierno, nombró oficialmente el corredor.

Cuenta el empresario que a los 20 años decidió iniciar este negocio; mientras su esposa confeccionaba, él vendía diseños muy sencillos en la calle de Venustiano Carranza.

Actualmente realizan cientos de modelos, con costos que van desde 10 pesos, en el caso de los vestidos miniatura, hasta 300 pesos el ropaje de Niño Árabe, que es tendencia desde el año pasado.

En su negocio comercian aproximadamente de 175 artículos que incluyen zapatitos, sombreros y biblias, entre otros, hechos artesanalmente. Además, las ventas se han expandido a Estados Unidos, alcanzando mercado en Los Ángeles, New York, Illinois y Texas, por ejemplo.

La producción en la fábrica de don Saúl inicia un año antes, para estar preparados para las ventas de la Fiesta de la luz, ya que realizan 100 modelos en tallas que van desde dos centímetros hasta 10 centímetros, en el caso de los pequeños, y de hasta 50 centímetros para los más grandes.

Sin embargo, Jennifer Uribe, hija mayor de don Saúl, afirma que de dos o tres años atrás a la fecha las ventas han ido a la baja, ella y su padre creen que la causa es la pérdida de tradiciones. Ambos manifestaron que la espiritualidad se ha ido por varias razones, así como el civismo, el respeto y los valores en los niños: “La tecnología los tiene atrapados, sólo hay tiempo para jugar en el celular”.

En el Corredor del Niño Dios hay alrededor de mil 800 vendedores, entre locales y puestos. Guadalupe González, ubicada en el número 3 de la calle Talavera, desde los 14 años se dedicó, junto con su madre, a hacer los trajes tradicionales, 25 años después decidió dejar de hacer el ropaje acostumbrado, cuando algunas personas le pidieron diseñar trajes dedicados a diferentes profesiones.

“Después de muchos años me di cuenta de que vestir al Niño de santo es como bajarlo de nivel y decidí hacer trajes de algo en lo que debemos creer. Yo creo en mi trabajo, sin él no somos nadie”, relata doña Lupe, asegurando que sus trajes más vendidos este año fueron los de bombero y mariachi.

Recuerda que en 2019 una mujer que perdió a su esposo y a dos familiares más en el incendio ocurrido el 18 de enero de ese año, el municipio de Tlahuelilpan, le pidió que creara un traje en tributo a su esposo, así nació el traje de huachicolero, con la misma ropa que el difunto vestía.

“Sabemos a qué hora salimos a trabajar, pero no si regresamos”, recalca.

Ha fabricado, por solicitud de los consumidores, el de reportero, taquero, barrendero, chef, panadero y volador de Papantla, hasta uno especial para Jesús Malverde, considerado el santo de los narcos.

Comenta que está trabajando para el nuevo modelo de 2021, Niño Estilista, sus precio van desde 180 a 250 pesos.

En contraparte, Uribe dice no estar de acuerdo con estos diseños y lo manifiesta no fabricándolos, “para el año que viene van a querer subir al Niño en un avión presidencial, esto no representa la fe, al menos no la mía”, reclama, tachando de irrespetuosas tales novedades. Mientras que Lupe refiere que no es para generar burlas, sino que es una manera de “encomendarse al trabajo”.

Además, planea abrir un museo dedicado al Niño Dios en Casa Talavera, en el que exhibirá la colección de figuras que ha ido adoptado, para que las historias de esos niños sean contadas.

Entretanto, familia y empleados se alistan para festejar el final de la temporada con una visita, como cada año, a la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que se encuentra en Cajeme 8 y Av. del Taller, para agradecer el trabajo de este año y celebrar el 45 aniversario de Niños Uribe.

REPARACIÓN DE “NIÑOS”, OFICIO QUE SOBREVIVE

Carlos Macedo Martínez, mejor conocido como “El Pollito”, lleva más de 40 años dedicándose a la reparación de imágenes religiosas, oficio que aprendió de sus abuelos y padres, convirtiéndose en la tercera generación que trabaja en este oficio.

Ahora, él le ha enseñado a sus hijos y nietos, quienes ya siguen sus pasos; durante estas fechas las imágenes que restauran son las de Niño Dios, los cuales pueden estar hechas de barro, yeso, resina y madera, y que tienen que estar listos para la celebración del 2 de febrero, Día de la Candelaria.

Las reparaciones que realizan pueden ir desde algo sencillo como pegar una manita o deditos faltantes, hasta armarlos por completo, ya que la mayoría de estas imágenes tiene un gran valor sentimental para las familias y por eso buscan salvar a “sus bebés”; el tiempo que “El Pollito” invierte en cada uno varía y puede ir de 20 minutos hasta un día entero.

TRABAJO MINUCIOSO

Con gran paciencia, el artesano trabaja en cada una de las figuras religiosas para que queden como si nada les hubiera pasado. Después de pegarlas con yeso, resina o pegamentos especiales, los niños son pintados a mano, tratando de dejar la imagen lo más parecida a cómo era originalmente.

Después de haber sido removidos del Jardín Zaragoza, en el Centro de la ciudad de Toluca, fueron ubicados en el estacionamiento del Parque Luis Donaldo Colosio, en donde el trabajo ha disminuido considerablemente; sus cinco hijos piden vacaciones en sus trabajos para poderlo ayudar en estas fechas, pero ahora, los clientes que han llegado han sido muy pocos; confían que en los siguientes días y enterándose la gente de que están ubicados en este lugar, muy cerca de la Terminal de Autobuses de Toluca, el trabajo aumente.

El número de imágenes que llega a reparar en promedio son de 20 diarias y los costos del trabajo de reparación van desde los 20 y hasta los 200 pesos; estarán hasta el 3 de febrero en el estacionamiento del Parque Luis Donaldo Colosio.

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