No quiere uno ser mal pensado pero con estos políticos que padecemos todo es posible. Por eso se nos ha metido en la cabeza que Enrique Peña Nieto quiere complacer a su amada Angélica Rivera, alias “La Gaviota”, paseándola en sus viajes internacionales en el nuevo avión presidencial de lujo, en lugar de regresarlo y comprar algo nuevo pero más modesto.
Porque México no puede comprarse con Estados Unidos y hacerse de un Air Force One que traslada a Obama. Hasta creemos que no es necesario hacerse de otro aparato de vuelo y menos al precio estratosférico que costó el que Enrique Peña Nieto ya espera estrenar de un momento a otro, pues lo están acondicionando del interior, a todo lujo, según indicaciones precisas del propio Ejecutivo federal.
Se trata de un Boeing 787 Dreamliner que se ordenó a fines del sexenio anterior para uso del Presidente y ahora de “La Gaviota” principalmente, con cargo al pueblo. La razón es que ya le halló gusto a los viajes como los realizados hace poco a Italia, Francia y próximamente Alemania
El alcance de esta inmensa y carísima nave, su autonomía de vuelo, le permitirá al Presidente Peña volar directo a las partes más remotas del planeta: Australia, Nueva Zelanda, las Islas Fiji, China, Japón. El nuevo Dreamliner, entonces, será una tentación para salir a pasear, perdón, a trabajar.
Su enorme costo de adquisición, que supera los 400 millones de dólares, se suma al gasto que representa su acondicionamiento interior y a lo que representa el monto de la operacional adicional calculada en dos millones de pesos por hora, según expertos consultados por algunos medios informativos.
Una vueltecita a Europa, por ejemplo, le costará a los ciudadanos mexicanos alrededor de 40 millones de pesos nada más del traslado en el ostentoso avión. Y, claro, un regalo de éstos no lo puede despreciar una dama de la farándula que tuvo en sus manos muchos millones de dólares para comprar la famosa “Casa Blanca” y convertirla en su nidito de amor.
Dicho avión, de buena suerte, se alcanzó a pagar a un precio del dólar más barato que ahora, pero lo que debe estar costando su diseño interior en Dallas, Texas, no ha trascendido pero seguramente andará rondando los 5 millones de dólares si se toma en cuenta la calidad de alfombras, tapices, herrajes y demás detalles decorativos.
Por si alguien es mal pensado, como nosotros, esta principesca nave es un regalo despistado para “La Gaviota” que no podría pasar por alto, pues cuenta con recámara exclusiva, oficina y varios etcétera. Y en plenas fiestas decembrinas podría alzar su vuelto con la pareja presidencial feliz de la vida, sin importar que el pueblo esté trinando contra la inseguridad, la corrupción, la impunidad, los gastos faraónicos de los políticos del más alto nivel y el derroche por todos lados, a pesar de la crisis que ataranta a los más de 50 millones de pobres y otros tantos clase medieros que ya no sienten lo duro sino lo tupido.
Lo bueno para Peña Nieto y su familia es que en México se puede ocultar todavía, con argucias o descaradamente, cuánto cuesta a los paga impuestos cada paseo de su señor Presidente. Lo que no sucede en países con más transparencia en la rendición de cuentas, por lo cual cualquier persona interesada puede acceder a la información clasificada. Así es que, por ejemplo, en Estados Unidos todo mundo sabe que se pagan 206 mil 337 dólares la hora de vuelo. Pero aquí todo se deja al “sospechosismo”, porque nuestro país es un país de dudas y desconfianza, porque nuestros políticos le tienen miedo a la verdad.
De ahí que cuando desde el olimpo del poder se habla de recortar el gasto corriente gubernamental, sobre todo el de los gastos superfluos, y que el presupuesto para el 2016 contempla ajustes y apretadas de cinturón inclusive a los que forman parte del Ejecutivo Federal, no tiene uno más que pensara en la nueva nave presidencial de lujo, alzarse de hombros, fruncir el ceño y gritar: “Quema mucho el sol”.
Estrenar un avionazo como el mexicanísimo 787 es una ofensa que refuerza el dicho de “gobierno rico, pueblo pobre”. Y equivale a imaginar a un indigente comprando un Rolls-Royce porque quiere dar bien con alguien, y si es una dama, mejor.
Si se trata de hallar justificaciones en que el actual medio aéreo de transporte presidencial ya está obsoleto y con muchas horas de vuelo, pues en lugar de un 787 tan caro, se debió recurrir a un 737 BBJ que cuesta 90 millones de dólares, como el que opera Australia. Y no andar buscando compararse con potencias extranjeras y con países primermundistas en su gasto, pues estos tiempos son de recato, prudencia y humildad porque el pueblo se está hartando y puede explotar ante la falta de austeridad de los que lo gobiernan.
Y si al avión le sumamos también el gasto del nuevo aeropuerto, entonces podemos creer que no hacen falta hospitales, escuelas dignas ni alimento suficiente en las mesas de los pobres, y que “La Gaviota” merece ese avión nuevo porque son mentiras las carencias y urgencias de México. Es decir, estamos en jauja. Y nosotros somos los que debemos tomar pastillas de “Ubicatex” porque los que mandan sí que están bien ubicados en lo suyo.

