La felicidad de Rick Perry

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Si Barack Obama ya tenía una piedrita en el zapato con la oposición de la Cámara de Representantes a su prometida reforma migratoria, ahora tendrá una roca enfrente al perder su partido demócrata el Senado en las elecciones de medio término, lo cual le hará sudar la gota gorda para terminar los dos años que le faltan en la Casa Blanca.

El Partido Republicano mostró su músculo a base de talacha en Arkansas, Illinois y Maryland con el fin de arrebatar a los demócratas también las tres gubernaturas claves en el apoyo que le brindaban a Obama. Y se les hizo, al mismo tiempo que reportaron sin novedad el round que se dieron en Texas su candidato Greg Abbott frente a la brava Wendy Davis.

Y obviamente el que no acaba de derrochar felicidad es Rick Perry, el actual gobernador texano, no sólo por el triunfo de su colega de 56 años, sino porque ha recibido de quien es Fiscal General de Texas desde 2002, de que continuará su férrea postura antiinmigrante y su rechazo a programas sociales como el Obamacare.

Para Rick Perry es muy tascendente la aplastante victoria de los republicanos al poner contra la pared a Obama, quien tendrá en su contra a todo el Congreso. Sí, eso desata la euforia en su rostro, pero más todavía haber mantenido el poder en Texas, porque los demócratas habían prometido revertir el estado de cosas con una candidata quien es senadora actualmente, Wendy Davis, famosa desde el 2013 al tratar de obstruir una controvertida ley que restringía el aborto.

La esperanza de ver convertido el sueño en realidad se esfumó, pues los demócratas creían que regresarían a los años previos a 1994 cuando gobernaron Texas, y aunque la pelea estuvo cerrada al final Hrehh Abbott consolidó el liderazgo de los republicanos en el vecino Estado que es frontera con México, por lo cual se espera la misma resistencia a los planes de una inmigración controlada y más humana.

Con un “pato cojo”, como llaman los estadounidenses a un presidente limitado en su gestión por la oposición del Congreso, y reducida la capacidad de impulsar la reforma migratoria, Barack Obama ha visto perder el efecto de su personalidad en el medio político y seguramente pasará a la historia con el acento negativo que le cargarán los republicanos en el final de su mandato, no obstante que la economía del vecino país crece por arriba del 3 por ciento y el desempleo es el mínimo en siete años..

Sin embargo, conservador entre los conservadores, Rick Perry pretende tomar mucho más vigor con sus planes de sellar la frontera con México y sacar adelante propuestas que creen un escenario de soberbia frente a los mexicanos y centroamericanos principalmente, sin tomar en cuenta que los “malinchistas” del norte de México son los que alimentan los comercios texanos.

Por mucho encono que Perry sienta por el color moreno de los paisanos y centroamericanos, deberá frenar su euforia con la conciencia de que la contribución de éstos no es despreciable, sino harto beneficioso para el estado que ha gobernado y seguirá gobernando su partido.

¿Para qué tanto rencor e ínfulas de superioridad si a la hora de pasar a la tumba todos terminaremos con la misma señal? ¿Para qué ufanarse del poderío político que ha conseguido su partido si el tiempo es el mejor juez y no sabemos cómo aprobará la Unión Americana sus aportaciones en esta hora decisiva para Estados Unidos?

Además decir no a todo, no es signo de civilidad sino de ofuscación. Porque aunque Obama no sea de sus simpatías, no todo lo que un presidente está marcado por la identidad del partido que lo llevó al poder. Y hay iniciativas que merecen estudio antes de sacar el rechazo automático y la oposición irracional. Es lo mejor para cualquier ser humano y para los políticos limpios, si es que los hay en los partodos de todos los colores y sabores.

Así es que hay que recomendarle a Rock Perry más moderación en su euforia y en esa risa loca que no lo deja desde que Greg Abbott aseguró su triunfo.

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