Un amigo, joven clasemediero pretencioso, me pidió que escribiera acerca de cada uno de los candidatos a la gubernatura de Nuevo León. Últimamente no tengo mucho tiempo disponible, pero trataré de complacerlo (en realidad es una especie de apuesta), empezando ahora con uno que encabeza las preferencias de mi amigo. Así pues…
Hace poco, una jovencita pasó por mi casa para pedir mi voto. Ella busca una diputación local. Me dijo que comprendía que yo tuviera alguna desconfianza por su juventud. Le contesté que no, al contrario, me entusiasma que los jóvenes se interesen y comprometan en la política. Desde hace años, y especialmente en un par de anquilosados partidos, vemos las mismas caras. No siempre los viejos, (ni siquiera los maduros), somos capaces de utilizar nuestra experiencia a favor de la comunidad. Abundan quienes la usan porfirianamente para eternizarse en la función pública y sacar provecho personal y de su pandilla. Apostar a la juventud en la política podría oxigenar un poco este reciclaje perpetuo que padecemos.
Bajo esa premisa, cualquiera me perfilaría como emecista. La campaña del “senatore” para ser “gobernatore”, irradia sus naranjosos y juveniles rayos sobre los demás candidatos locales de MC con el inamovible objetivo de hacer un “nuevo Nuevo León”. Los más visibles candidatos, por proyección e importancia (de sus aspiraciones, no de ellos), son notoriamente jóvenes, y más porque se comportan como tales: contestones e irreverentes. Y si bien no he negado mi simpatía irracional por el joven Colosio, y en otro tiempo me agradó la irreverencia hostigosa del joven Samuel, no me podría un chaleco naranja, y todo por culpa de Samuel.
Hay una cosa que ya con ver un solo spot del “gobernatore” se presupone: la renovación deshaciéndose de lo viejo para imponer lo nuevo. Aclaro que no es que él lo diga explícitamente, sino que es lo que me proyecta. Su ejemplo de “empujar” fuera a la “vieja política” no me convence. Encarnar a la “vieja política” en sus enemigos políticos no es tratar de renovar la política sino de eliminar obstáculos. Nadie me asegura que su juventud nos aporte una política mejor. Desde los partidos o desde las urnas, todos hicimos esa “vieja política”. Los errores no los han cometido los electores al votar, porque cumplimos con un derecho/deber; los cometen sistemáticamente los que se han beneficiado de ese voto.
Pero el “viejo” Nuevo León que tanto repudia el joven Samuel no es sólo política, es una cultura regional que está renovándose continuamente sin necesidad de que un político lo demande. Él mismo es parte de eso: no es lo mismo el niño que bailoteó torpemente en una fiesta familiar, que el maduro profesionista que se contorsiona, también torpemente, en Instagram. Sin embargo, su proyección como el Atila de lo viejo, no es perceptible como mensaje a la masa. Toda reacción masiva nace de percepciones individuales. Así, el mensaje “renovador” de Samuel también llega a los viejos, aunque corre el riesgo de ser entendido individualmente más bien como una amenaza, como un desprecio a los que ya tenemos “taitantos” años y nos sentimos más o menos seguros en ese “viejo” Nuevo León que construimos nosotros, y que desde esos cimientos continúan construyendo los jóvenes. Y conste que digo “construimos” porque los políticos no han construido nada más que fortunas personales insultantes. ¿Es un edificio feo? Sí. Pero es sólido, y lo levantamos sin ayuda, a pesar de los obstáculos que nos han puesto quienes pusimos en el poder para que nos lo facilitaran.
Así, tal vez sólo por un mal manejo de su campaña, pareciera que Samuel excluye a los viejos y apuesta por el voto joven. Como estrategia podría ser buena. Sólo que habría que contabilizar con cuidado el padrón de electores y los rangos de edades. Luego convencer a los jóvenes de que salgan a votar. A los viejos no hay que convencernos, lo hacemos siempre.
Si el joven candidato no ha creado aún sus legiones de votantes seguros, como hacen los “viejos” políticos (comprados o comprometidos), debería considerar a esa legión achacosa de votantes y mimarla un poco. Así como él necea y vocifera teatralmente por lo que quiere conseguir, nosotros los viejos neceamos y vociferamos, pero muy en serio, por nuestro derecho a votar.
Por otro lado, el “gobernatore” tampoco creo que esté creando demasiada empatía entre todos los jóvenes. A su pesar (y no es su culpa) su imagen no corresponde al perfil de la gran mayoría de los jóvenes nuevoleoneses. Es una muestra muy grotesca de una pequeña elite privilegiada que ha sido exitosa gracias a esos privilegios (no necesariamente ilícitos, conste). Muchos jóvenes clasemedieros, aspiracionistas, podrán identificarse con esa imagen; pero en medio del resto Samuel destaca como una mosca en la sopa (ninguno de estos sueña siquiera con parecérsele). Así, como alguna vez lo comentaba, Samuel y su consorte parecen turistas en medio de la aplastante realidad en el Estado. E incluso tratando de mimetizarse, saolamente logran diferenciarse más.
Supongo que en estas condiciones Samuel tendrá que apelar más a las tácticas de la “vieja política” de su “viejo Nuevo León”. Así, coquetear con los medios de comunicación, siempre útiles para influir mañosamente en el voto; celebrar dudosos resultados de encuestas, que son, sin duda, otro recurso tramposo para influir en el voto; hacer guerra sucia sin hacerla, esto es, aprovecharse de los pleitos ajenos, como en el caso del video que involucraba a Clara con Raniere.
Finalmente, como era de esperarse, acabó entre las patas de los caballos y ahora no le queda más que esperar a que otro video o algo peor contra Adrián, o contra quien sea, le conjure el mal fario que le endilgaron en la Fiscalía General de la República. Como viejo que soy, del “viejo Nuevo León”, le aconsejaría al “gobernatore” que se lo tome con calma y que tenga paciencia (virtudes de viejos). No tardarán en darle el gusto. Su reacción en esas circunstancias dará fe de qué clase de madera está hecho, o es puro corazón de carrizo.
Un consejo más, que los viejos somos expertos en dar consejos: de vez en cuando, solo, muy temprano, ponga una mecedora en el jardín, sírvase un cafecito y tómeselo despacio, sorbo a sorbo, mientras pone atención en la florecita aquella, en el pajarito pión ese, en la nube, en el sol, en lo que sea menos en política, compromisos y deudas. Y en algo que le decía yo al amigo que me pidió este texto: “Cuando somos jóvenes, nos hierven las ganas para todo. Pero, como cuando hierves agua, entre más la hierves más pronto se evapora. Pa’l baile vamos”.
PD: ¡Servido, joven amigo clasemediero pretencioso! Me debes un cartón.


