Hoy quiero dedicar este espacio a todas esas personas que durante esta crisis sanitaria que nos tiene enclaustrados, han sido catalogados como los “no-esenciales”, los que tuvieron que cerrar sus negocios, parar sus ventas, dejar de prestar sus servicios.
Si bien es probable que sus actividades no sean indispensables para la supervivencia de los demás (y lo digo así porque indudablemente, su trabajo es indispensable para la supervivencia suya y de sus familias), todo lo que hacen resulta necesario en el gran contexto de la vida humana.
Hoy que nos aferramos a lo estrictamente indispensable, como comer, descomer, dormir, respirar y tal vez, contar los latidos de nuestros corazones ávidos de contacto humano, podemos entender un poco mejor, todo lo importante que es el trabajo de quienes se dedican a hacer la vida más bonita, más interesante, más divertida, más excitante, más edificante, más sabrosa.
Los llamados “no-esenciales” realmente hacen que en muchos aspectos la vida valga la pena, ya que el solo hecho de sobrevivir, de subsistir, o de apenas sí existir entre cuatro paredes, resulta bastante insípido, aburrido, monótono y hasta triste.
Hoy por hoy quienes se dedican a la belleza, al arte con todas sus bellas musas de la danza, la pintura, la escultura, la arquitectura, el cine, la música, la literatura, el teatro, los que se dedican al deporte y a organizar competencias y torneos que exaltan la excelencia del cuerpo humano, quienes presentan espectáculos, quienes diseñan, producen y venden accesorios que nos engalanan, quienes fabrican ropas y nos pasean por las modas, quienes tienen restaurantes y bares donde la gente se reúne a socializar en persona… etc.
Sí, tal vez durante mucho tiempo abusamos de todo eso, caímos en excesos consumistas y en ocasiones en conductas superficiales y vanidosas.
Pero ahora que las circunstancias nos obligan a reducirnos a lo meramente básico y esencial, podemos entender que lo otro, aun siendo no-esencial, no deja de ser importante y hasta cierto punto muy necesario en el escenario de las sociedades humanas.
¡Y no solo eso!, estos “no-esenciales” son quienes siguiendo su vocación o su inspiración generan innumerables empleos que dan sustento a muchísimas familias.
Es probable sin embargo, que hayamos perdido por un tiempo el equilibrio entre lo esencial y lo no-esencial, entre lo indispensable y lo necesario en un mundo dominado por la mercadotecnia y las necesidades creadas, por el consumo exacerbado y por nuestra propia insaciabilidad.
Quizás cuando toda esta pesadilla sombría y gris haya pasado, apreciaremos más y mejor todo aquello que decora nuestras vidas, lo que le da color sabor, luz, sonido, historias, fantasías, imaginación, creatividad, belleza, atractivo…es decir, todo aquello “no-esencial”, pero que le quitaba lo plano, lo opaco, insulso y lo monótono a la vida.
Los humanos somos seres gregarios, seres sociales… ¡Necesitamos convivir, competir, coincidir, conversar, cantar, conquistar, viajar, descubrir, bailar, soñar, amar, y tantas cosas más! Realmente quienes son ahora catalogados como “no-esenciales” son quienes crean los espacios y los contextos propicios para todo eso que resulta ser como la sal que le da sabor a la vida.
¡Que Dios bendiga a los “no-esenciales” para que pronto vuelvan a brillar en todo su esplendor! Tal vez, en tiempos de mera supervivencia, no sean esenciales, pero definitivamente nadie puede negar cuán importantes son.


