No he visto más que una foto de López-Gatell, junto a una mesa y una mujer, ambos sin cubrebocas, en algún lugar del mundo que, dicen, es Oaxaca.
No sé si hay fotos más comprometedoras o reveladoras. Sé lo que indican titulares cruzados: que estaba de vacaciones, que visitaba a su familia, que se merece esas vacaciones, que mucha gente se está muriendo, que es un imprudente, que debe renunciar, que deben renunciarlo, que patatí, que patatá…
Algunos titulares han sido muy minuciosos al dar la nota social de esas vacaciones junto con el obituario por Covid. No leí esas notas porque desde el titular planteaban un pre-juicio. Ninguna lectura evitaría condicionar la opinión de un hecho al otro hecho, como si el amable lector fuera un estúpido que no puede por sí mismo relacionar lo obvio.
Me pareció excesivo porque, ya no digamos el puro titular dando noticia de esas vacaciones, incluso hasta la foto es más que suficiente para que se desaten opiniones sobre el que es, sin duda, uno de los funcionarios federales que más alborota los medios y a miríadas de “fans”, que las tiene.
Vi también alguna foto del mismo doctor, también sin cubrebocas, en el aparente pasillo de un avión. Foto que no sé si fue “explicada” o desmentida, pero que generó menos polémica que las vacaciones. Me pareció bastante singular que los medios, los críticos y los heaters destacaran más las vacaciones. Así, sin más datos que los que consume la mayoría de los “lectores” de noticias por Internet (fotos y titulares), ambas notas revelan bastante de la intención mediática.
Veamos… El doctor es bastante coherente con su dictamen sobre la utilidad limitada de los cubrebocas. Desde un principio advirtió contra la falsa seguridad que dan los cubrebocas y la necesidad de que lo usen los infectados, no la gente sana. La pandemia, que sigue dando sorpresas, reveló la profusión de los llamados “asintomáticos”, que van por ahí tan campantes, aparentemente sanos, pero repartiendo virus.
La experta opinión del doctor López-Gatell fue desmentida y rebasada por la realidad, se hizo necesario el uso generalizado de cubrebocas. Permanece la exigencia de hacerlo en espacios cerrados, y la libertad para no usarlo en espacios abiertos y alejados de otras personas. Si acaso hay alguna excepción, como los restaurantes.
Al ver la foto del doctor en algún lugar de Oaxaca, es evidente que está en un espacio abierto, aparentemente un restaurante. Supongo que es tan buen científico que es capaz de zamparse un buen ceviche vía intravenosa, pero al parecer decidió comer a la antigüita.
En cambio, en el avión, el buen doctor habla por teléfono sin cubrebocas, en un espacio cerrado donde está reglamentado su uso obligatorio. A mí en lo personal me escandalizaría la foto en el avión, no en la playa.
Entonces, ¿por qué la furia desatada contra el galeno. ¡Ah, claro! Se tomó vacaciones. ¿Eso es malo? No, no lo es. Si queremos comparar su actividad con cualquier otra, notaríamos que un funcionario público, además responsable de la vocería y logística de una epidemia, aún en casa debe estar disponible 365/24.
El nivel de estrés no es comparable. Aun así, hay muchos, funcionarios o no, que se han tomado sus vacaciones o, por lo menos, han dejado su confinamiento sin un motivo de peso. Salir de casa, con todas las precauciones pero sin necesidad, es no respetar el confinamiento, es exponerse y exponer a otros. Vale también para secretarios de Salud que, como gitanos, dejan sus estados para hacer comitiva de sus gobernadores acampando a cada rato en cualquier otro estado.
Si los niveles de estrés del doctor López-Gatell son tan altos, o que se prescriba un tranquilizante o pida relevo por un par de meses y vaya a descansar a donde se le pegue la gana. No es malo ir de vacaciones o de visita a donde sea, es irresponsable.
Aunque lo nieguen muchos sí lo hacen. Los comprendo. Vivimos tiempos milenaristas, la muerte es más inminente que nunca y “mañana” podría ser demasiado tarde para tantas cosas.
Lo que no parece querer entender el doctor es que como líder nacional en el tema de la Salud y de la epidemia, es un referente para el comportamiento de muchos. Todos estamos esperando que nos den un pretexto para hacer “pata de perro” y largarnos lejos de nuestra cárcel sanitaria. En el caso del doctor López-Gatell, su ejemplo vale tanto como la recomendación de romper filas.
Aquí “predicar con el ejemplo” no es una frase vacía. Pero en lugar de meter en cintura al Presidente, parece que fue el Presidente el que contagió al doctor con su falta de tacto social.
¿Debemos entonces levantar una hoguera y, en público auto de fe, incinerar al herético doctor por irse de vacaciones? No lo creo. No es el momento para deshacerse de quienes pueden ser útiles, así sea mínimamente. Es bastante con que aguante con resignación el uso político de su desliz, sobre todo porque es evidente que López-Gatell es un estorbo incluso para defensores de la 4T.
No estoy seguro de la razón, pero hay morenos y pro-morenos que no lo quieren, y lo han demostrado durante muchos meses. Esto hace casi parientes a los “sí por México” con los “no por López-Gatell”. A mí me parece más bien que exprimir mediáticamente el affaire de las vacaciones es una continuidad a una vieja campaña en su contra.
Yo no pediría tanto como la cabeza del Subsecretario. No la hoguera, sí el sambenito. Que asuma públicamente su acción tan incongruente, pero sin retórica y sin soberbia. O por lo menos sin retórica, porque todos queremos descansar si no del estrés por el encierro, al menos sí de la confusión por tanto rollo.